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6 de agosto de 2013
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7 kilómetros de bodegas subterráneas para proteger
Las bodegas de Aranda de Duero, en Burgos, quieren ser Bien de Interés Cultural. Es por ello que la Consejería de Cultura de Castilla y León ha iniciado ya el procedimiento para su declaración en la categoría de Conjunto Etnológico.

Las bodegas subterráneas de Aranda del Duero, junto con el legado patrimonial relacionado con la arquitectura del vino, constituyen un elemento cultural muy significativo y estrechamente ligado al propio desarrollo de esta localidad burgalesa.

Llama la atención que la gran red de bodegas que se desarrolla bajo las edificaciones tradicionales del casco antiguo se haya ido transmitiendo de generación en generación hasta el momento presente en un buen estado de conservación. Y es que sus orígenes se remontan al siglo XV.

Con la puesta en marcha de este procedimiento para su declaración como Bien de Interés Cultural la consejería pretende proteger  todo este conjunto: las propias galerías, sus accesos y las dependencias relacionadas con la actividad mercantil; además de los lagares y portalones; así como los elementos auxiliares de estas instalaciones, como son zarceras, sumideros o respiraderos, entre otros.
  

Cabe destacar que las bodegas subterráneas de Aranda, muchas ellas medievales, ocupan una superficie con una longitud de casi siete kilómetros y se encuentran edificadas a una profundidad entre los 9 y los 12 metros.
 

 
Según la mayoría de las reseñas históricas, su origen se remonta a los siglos XII y XIII, cuando la supervivencia económica de la localidad dependía plenamente de la comercialización alrededor del mundo del vino. Parece ser que ese es el motivo que llevó a sus antiguos habitantes a construir una intrincada red de pasadizos subterráneos que garantizaran la correcta conservación de los caldos, que se mantienen durante todo el año a una temperatura constante entre 11 y 13 grados. Estas características, unidas a la ausencia de ruidos y vibraciones, hacían de las bodegas el lugar ideal para la conservación de los caldos arandinos.

Cuentan los guías turísticos de estas bodegas que se excavaron a mano aprovechando «una capa de arena que hay bajo la ciudad y que resultaba más blanda». Para su ventilación «se hacían respiraderos a la superficie y también entre bodegas, lo que ha permitido localizar algunas que ya no se empleaban», apuntan.

Y es que, llegó a haber aproximadamente 300 bodegas subterráneas, aunque actualmente muchas han sido tapiadas o incluso rellenadas de nuevo para no poner en peligro las casas que hay encima. De hecho, se conservan en torno a 140.

REDACCION gastronomia.com
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